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Actualmente vivimos en un mundo altamente
competitivo y cambiante, necesitado de buenas guías, de líderes que respondan
eficazmente a las necesidades colectivas, y sólo aquellos que estén afectiva
e intelectualmente capacitados para ofrecerlo, se convertirán en líderes.
Al recurrir al análisis de Walter Vásquez
Bell en su artículo “El liderazgo como desarrollo de la personalidad”(1), en
el cual plantea que más allá de cualquier concepción, debemos entender el
liderazgo como una forma específica y particular de poder, entendiéndose
este, como la capacidad de modificar la voluntad de un tercero. La principal
característica de un líder es poder modificar la conducta de los miembros del
grupo al cual pertenece, siguiendo los dictados de este mismo grupo”.
Como vemos entonces, el liderazgo es
diferente a la autoridad, ya que la autoridad es la capacidad de mandar y de
hacerse obedecer, implicando necesariamente apelar a algún tipo de fuerza. En
el caso del líder, tiene autoridad; pero quien posee autoridad, no
precisamente tiene liderazgo. Por lo tanto, podemos apreciar que el liderazgo
es una condición menos formal, más espontánea y debe darse dentro de un
contexto colectivo.
El líder debe ser empático, persuasivo, demostrar
confianza, dar sensaciones de seguridad a los otros, etc. Mientras que el
área técnica o intelectual, debe saber qué hacer y cuando hacerlo. En otras
palabras, corresponde a la cualidad de transformar ideas en acciones
concretas, orientadas al logro de metas grupales.
El líder sano posee integridad. La
integridad hace referencia al mostrarse auténtico con los demás y consigo
mismo. Se debe ser consecuente, es decir, el discurso debería coincidir con
las acciones que se toman. La doble moral causa una especie de disonancia
cognitiva en los seguidores del líder, perdiendo así poco a poco
credibilidad, y por lo tanto, poder de influencia.
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(1) Revista Fiscalización y Gestión
Pública. Vol 1. No 4, 9-13, 1996.
Parte de la sabiduría del buen liderazgo
es saber confiar en los demás, saber pedir ayuda cuando se necesite, tener la
humildad suficiente para reconocer los errores cometidos y pedir perdón a las
personas afectadas.
Ser un líder exitoso no depende de rasgos
de personalidad o de características individuales, sino más bien del
desarrollo de habilidades. Tales comportamientos, capacidades y actitudes
pueden ser aprendidas. Sólo mediante el deseo y el esfuerzo continuo, se podrán
liberar las enormes potencialidades que habitan en cada uno de nosotros.
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